LA TRASHUMANCIA A PORTUGAL

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La sierra de San Pedro, además de constituir una anhelada comarca de invernada para los ganaderos trashumantes del norte de España, también fue durante muchos siglos una importante zona de paso hacia los famosos Campos de Ourique, al sur de Portugal. Los continuos enfrentamientos fronterizos entre ambos reinos peninsulares no fueron impedimento para que las vías pecuarias, mucho más antiguas que ellos, continuasen siendo utilizadas por los trashumantes: “ A canada soriana ocidental tinha un cordel que rumava para Olivença”, y por ella transitaban libremente los rebaños castellanos según costumbre, “que así nace del uso costumbre y de la costumbre fuero”. Con motivo seguramente del paso de los rebaños castellanos hacia Portugal, esto recordaban en 1.444 las cartas regias del 8 de noviembre: “foram autorizados todos os visinhos e moradores dos reinos de Castela a vir a terra do Campo de Ourique seguramente com seus gados, pascer as ervas & beber as aguas, pagando eles seu montado & direito segundo e de costume.”

Las Cortes de Évora concretaban en 1481 la importacia de estos movimientos ganaderos: “os esforianos do reino de Castella mettem na margen do Guadiana cincuenta ou sessenta mil ovelhas”. Pero también numerosas vacadas cruzaban La Raya: “ a herva dos almarjaes era arrendada no Campo de Ourique a os creadores de Castella para suas immensas manadas vaccuns e rebanhos lanigeros.” Aún se conservan allí topónimos tan resonantes como “Pego dos Sorianos” y “Defesa dos Salamanquinos,” atestiguando el origen de los ganaderos que arrendaban las propiedades a los terratenientes locales que “a despeito das providencias mais severas abriam as herdades na mayor parte incultas seus pastos aos gados de Castella.” Estos desplazamientos se mantuvieron hasta finales del siglo XVIII: “Ainda em 1788 tera encontrado na Herdade Real do Roncao (Monsaraz) rebanhos segovianos”. Sin embargo, el secular intercambio ganadero entre ambas naciones ibéricas terminó abruptamente en 1801 tras la llamada guerra de las Naranjas, cuando España se anexionó el término de Olivenza. Con lógico resentimiento, los portugueses acusaron “ a la codicia de los ganaderos españoles” la dolorosa pérdida de este territorio, por ser sus pastos tan excelentes que “bastava as ovelhas lamber a terra para engordarem”.

 

 

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